San Jerónimo Emiliani, militar, comandante de las fuerzas que defendÃa Castelnuovo, en Italia, cuando los franceses los invadieron, fue llevado prisionero y encarcelado en un calabozo, donde fue atado de pies y manos con cadenas.
La cárcel representó para él un golpe de gracia para su conversión. Allà reflexionó sobre lo que dijo Jesús: "¿de qué le sirve a un hombre ganar todo el mundo, si se pierde a sà mismo?". El resultado fue que cuando le preguntaron qué hará cuando salga de la cárcel, el contestó: "voy a dedicar mi vida entera y todas mis fuerzas a tratar de conseguir mi santificación y promover la salvación de muchos". Y vaya que lo consiguió. Asà también ocurrió con la mujer sirofenicia, quien debido a su gran confianza en Jesús, consiguió la expulsión del demonio que se habÃa apoderado de su hija.Esto nos enseña que, en la vida, hay que proponerse a hacer el bien y lo conseguiremos, con la ayuda de Dios, tal como ocurrió con san Jerónimo y la mujer sirofenicia, cuya hija estaba endemoniada. Nosotros también, si nos proponemos a hacer el bien y no dejamos de confiar en Dios, podremos expulsar de nosotros los muchos males que nos aquejan.

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