En el milagro de la multiplicación de los panes, Jesús "pronunció la acción de gracias sobre los panes, los partió y se los dio a sus discípulos para que los repartieran". Él sabía muy bien que para que su compasión se manifieste, y sea de acuerdo con Dios, debía orar fervientemente y agradecerle por lo poco que hay. Y vaya que ocurrió el milagro. El pan se multiplicó.
Santa Escolástica (543), hermana de san Benito, antes de su muerte, le pidió a su hermano que pasaran la noche hablando del cielo y la Vida eterna. Pero su hermano se resistió. Le dijo: "¿cómo se te ocurre hermana que yo y mis hermanos pasemos la noche fuera del convento?". Entonces ella, suplicó a Dios fervientemente y, de pronto, se desató una tormenta que los monjes no pudieron marcharse. Entonces, la santa, advirtió a su hermano: "¿ves hermano? Te rogué a ti y no quisiste. Rogué a Dios y Él sí me escuchó". Así pasaron toda la noche hablando del Cielo y la Vida eterna. Al día siguiente, Benito vio desde su ventana subir al cielo a una paloma blanca y rato después se enteró que su hermana había pasado a la Vida eterna.
Una oración hecha con fervor y una acción de gracias hecha con todo el corazón, es capaz de despertar las entrañas misericordiosas de Dios para con sus hijos/as. Hagamos de nuestras oraciones y súplicas una verdadera fuente de unión con Dios.

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