San Nicolás de Flue (1487), padre de dos hijos, quien se separó de su esposa para servir más de cerca a Dios, se fue a la montaña a orar y hacer penitencia en un monasterio. Un dÃa le pidió a Dios el don de aconsejar. Dios se lo concedió. Poco después, multitud de personas de todo el mundo comenzaron a acudir a él para pedirle consejos. Asà cambió la vida de muchos. Sin embargo, la gente vio que aquel hombre solo se alimentaba del pan de la EucaristÃa, pero que era muy bueno para aconsejar y de pocas palabras.
Un dÃa, le preguntaron: ¿cómo logra sustentarse casi sin alimentarse? Él les contestó: "Sólo Dios sabe cómo". Al ver la situación, las autoridades pusieron detectives para averiguar quién le llevaba comida, pero no consiguieron nada.En esos años, en Suiza, surgió la amenaza de desatarse una guerra civil debido a la división entre sus paisanos. Entonces, no faltó alguien que acudió a Nicolás. Él bajó de la montaña y les aconsejó muy bien, tanto a unos como a otros, logrando la paz y evitando la guerra entre ellos.
Por eso, más tarde, el senado suizo le otorgó un reconocimiento, cuya inscripción decÃa: "Este hombre de Dios recomienda a todo la paz, y la logra conseguir".

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