Sucedió algo curioso en ese ínterin. Hubo un hombre que renegó de su fe y fue enviado al estanque tibio, pero murió casi al instante. Entre tanto, uno de los soldados, al ver tal convicción de los sufrían el suplicio por Cristo, dijo: "yo también creo en Cristo", y fue martirizado horrendamente. En fin, los 40 mártires soportaron 3 días y 3 noches el hielo del estanque.
Entre aquellos mártires, había un jovencito a quien los guardias le invitaron a renegar de su fe para ser cambiado al estanque tibio. Pero su madre le dijo: "hijo mío, recuerda que si te declaras amigo de Cristo en la tierra, Cristo se declarará amigo tuyo en el cielo". Motivado por tales palabras, el joven perseveró en la fidelidad a Cristo durante todo el suplicio. Y, así, las reliquias de aquellos 40 santos mártires de Sebaste, se constituyeron en murallas que defendieron y siguen defendiendo la fe en Cristo con sus propias vidas y la gente del lugar se benefició con múltiples milagros.

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