Los caracoles producen perlas cuando son heridos. Cuanto más grande la herida, más grande la perla. ¿Qué produces tú cuando te hieren? ¿Ira? ¿Venganza? ¿Odio? ¿Rencor? Lo cierto es que Jesús nos enseñó a producir dos perlas preciosas. Cuando le insultaban, le escupÃan, le injuriaban, Él oró: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”; a los improperios del ladrón malo, le contestó con el “silencio”. ¿Por qué calló y pidió perdón en ves de vengarse? Por amor.
Hoy nos pide el Señor: “Permanecer en su amor" y para eso hay que cumplir su mandamiento: "amaos los unos a los otros como yo os he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos". Pero, humanamente, este mandamiento es un ideal al que todos hemos de tender, ya que es casi imposible dominar nuestros sentimientos. Dios no nos pide cosas imposibles.
Solamente nos pide “permanecer en su amor”. Y para ello, primero, hay que renunciar a la venganza y perdonar. Nada de “me las va a pagar”, “este me va a oÃr”, “me va a conocer”, “le voy a poner al hielo”, “le voy a cantar rata de dos patas”, etc. Segundo: devolver bien por mal, es decir, aunque nos hayan hecho daño, hay que hacerle favores, aunque nos cueste la vida. El reto está en parecernos a Dios: "Quien no hace acepción de personas" y "nos ha amado primero". Ser como las mamás, que no siempre tienen ganas de cocinar pero, a su pesar, cocinan, por amor a sus hijos y el bien de su familia.
En el Parque Nacional de Yelowstone, un guardabosque, después de una gran incendio, encontró a una ave casi carbonizada pero debajo de sus alas yacÃan vivos sus polluelos. Ella murió para que vivan los que estaban bajo sus alas. Por eso le llamaron esa historia en National Geographic: Las Alas de Dios. Eso es hacer el bien, producir amor y favorecer a la vida. ¿Qué produces tú cuando te hieren? ¿Ira? ¿Venganza? ¿Odio? ¿Rencor? Hay que aprender a dar sin pedir nada a cambio, aunque nos cueste la vida.

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