A sus 15 años pidió ser admitido en la comunidad de los padres dominicos. El Superior de esa Orden, creyéndolo débil para la disciplina, le puso una condición, diciendo:
— Si quieres ser dominico religioso, debes recitármelo de memoria este Libros de los decretos de la Iglesia Católica en latÃn.
El postulantes, ni corto ni perezoso, aceptó el reto. Luego se puso manos a la obra y, a las pocas semanas, acudió ante el Superior, diciendo:
— Padre, ya estoy preparado.
Acto seguido, el superior religioso, le mandó que procediera y Antonino recitó de memoria delante de él todo el Libro de los Decretos, desde la primera hasta la última página. Y, terminada la sesión, fue admitido como religioso dominico.
Posteriormente, muy joven, fue nombrado Superior de varias casas y también llegó a ser Superior Provincial. Fundó el famoso convento de san Marcos en Florencia y le encargó a su amigo, fray Angélico (pintor de fama mundial) el pintado de las paredes de aquel convento. Se destacó por ser un incansable predicador, trabajador y consejero. Por este último se ganó el tÃtulo de "el padre de los buenos consejos".

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